
Toqué el mismo jabón cuatro veces seguidas la noche que lo desmoldé, y no fue porque dudara de que estuviera listo. La superficie había quedado tan lisa, tan pareja bajo la luz de la cocina, que necesitaba comprobarlo con las manos antes de creérmelo del todo. Llevo desde noviembre dándole vueltas a esto, ideas de jabones de glicerina para regalar en Navidad a mi familia, ese tipo de manualidades en Bogotá que avanzan a fuego lento, un sábado a la vez. Este año decidí que los regalos hechos a mano le iban a ganar la pelea a las filas eternas del centro comercial, aunque me tomara toda la temporada.
Antes de seguir, el aviso de siempre: algunos enlaces de este blog son de afiliado, y si terminas comprando algún curso o material a través de ellos, a mí me cae una comisión pequeña que ayuda a que la cuenta de esencias no se dispare. El precio para ti no cambia ni un peso. Solo menciono cosas que he probado con mis propias manos manchadas de colorante, entre lo que funcionó y lo que no.
El caos de diciembre me mandó de vuelta a la cocina
El año pasado, a mediados de diciembre, terminé parada en medio de un centro comercial con las bolsas cortándome los dedos y esa sensación de estar comprando por comprar. No quiero repetirlo. Por eso este año la idea es que mi familia reciba algo que salió de mi cocina y no de una vitrina, y la glicerina se presta perfecto para eso, porque a diferencia del jabón de mi abuela, que llevaba soda cáustica y un miedo que yo nunca terminé de superar, esto es fundir y verter, casi como cocinar sin el riesgo de quemar nada.
Trabajo en la cocina de mi apartamento en Teusaquillo, en una mesa de madera oscura y llena de rayones que entre semana uso para ilustrar y los sábados se convierte en mesón de jabonera. Miga, mi gata color caramelo, se instala en su canasto de trapos viejos en la esquina y vigila cada corte de glicerina con cara de jueza, como si calificara el resultado antes de dejarme seguir.
¿Qué se le puede meter dentro a un jabón navideño?
Para mis primos quiero probar los jabones encapsulados: una barra transparente con un pinito diminuto flotando adentro, como si el bosque se hubiera quedado atrapado ahí. La base de glicerina se derrite rápido, de eso ya escribí una vez, de un lote que se me partió a la mitad por apurar el proceso, y hay que dejarla bajar de temperatura antes de verterla sobre la figura, porque si está muy caliente el pino se deshace y queda un manchón verde borroso en lugar de una silueta limpia.
Con las flores secas hay que tener más cuidado todavía, sobre todo si el jabón se hace en noviembre y tiene que seguir viéndose bien para cuando lo entregue en diciembre: los pétalos se oxidan si no los sellas bien, y ahí se nota rapidísimo, justo cuando ya no hay tiempo de rehacer nada.
Para las capas de colores distintos, uno aprende rápido que no todos los colorantes se comportan igual, algunos se quedan quietos en su capa y otros se corren hacia la de al lado sin pedir permiso. Un par de rociadas de alcohol antes de verter la siguiente capa ayuda a que no quede ninguna burbuja atrapada entre una y otra, algo que profundizo en estas técnicas para hacer jabones de glicerina en capas de varios colores si te da curiosidad.
El error de las esencias florales que no pienso repetir
Aquí va la parte menos bonita del proceso. En una de las primeras tandas de este año mezclé esencias florales a puro ojo, confiando en mi nariz y sin anotar en ningún lado cuánto le había puesto a cada frasco. Craso error: el segundo lote no se parecía en nada al primero, y para un set de regalo eso es un problema, mi familia iba a notar que el jabón de mi tía olía distinto al de mi mamá aunque los dos llevaran la misma etiqueta de "lavanda". Terminé regalando jabones con aromas ligeramente distintos entre sí y fingiendo que era "una colección", que suena mejor que "no llevé cuenta de nada".
Ahora anoto todo en un cuaderno de cocina manchado de cera, aunque sigo sin medir con precisión de laboratorio. Para la semana ocho de sábados metida en esto, ya tenía más calmado el ritmo del desmolde y las capas; las esencias, en cambio, seguían siendo mi punto débil, y ahí prefiero no arriesgarme con mezclas nuevas para los regalos de este año. Para eso hay gente que explica bien cómo dosificar aceites esenciales con más cabeza que la mía; yo solo trato de no repetir el desastre de las esencias mezcladas a ciegas.
Del jabón a la vela: armamos el regalo hecho a mano completo
A mitad de la producción de jabones me di cuenta de que uno solo se siente como medio regalo. Ahí volví a pensar en las velas, llegaron a mi vida en 2023, cuando una amiga me regaló un kit para empezar, y desde entonces las sumé a la rotación de los sábados. Este año armé sets completos: un jabón de glicerina y una vela de soja a juego, envueltos juntos.
Con las velas aprendí a tener más paciencia todavía, hay que esperar el momento justo para añadir el aroma y otro momento distinto para verterla en el frasco, y ahí interviene el tipo de cera que uses, un tema que ya toqué en otra entrada y no quiero repetir aquí. Si quieres subir un poco el nivel de tus regalos, el Curso de Velas de Soja Aromáticas Paso a Paso me sirvió mucho para entender por qué mis primeras velas se hundían en el centro. También me enseñó cosas que sonaban a detalle menor y no lo eran, como qué aprendí al elegir la mecha adecuada para velas de soja en frasco, que es justo lo que hace que una vela queme pareja en vez de dejar cera pegada en las paredes del frasco.
El domingo tocó la puerta Camilo, el vecino del cuarto piso, con una bolsa de almojábanas tibias, venía, como cada tanto, a aprovechar la luz de la cocina para unas fotos de sus bodegones. La sesión duró diez minutos y el café que se quedó tomando después duró como cuarenta, mientras yo seguía enfrascada limpiando restos de cera de los frascos.
Envolver para que aguante hasta Nochebuena
Cuando por fin los jabones están desmoldados, y si tus moldes de silicona terminan hechos un lío de colorante, no te agobies, hay maneras fáciles de limpiar moldes de silicona para jabones sin dañarlos, el siguiente paso es el que de verdad importa. En Bogotá, donde un día hace sol y al día siguiente parece que se acaba el mundo, los jabones de glicerina hay que envolverlos rápido, antes de que les salgan esas gotitas que les quitan la transparencia.
Uso papel film bien ajustado, sin dejar bolsas de aire, y encima papel kraft con una cuerda de yute. Mi abuela decía que un regalo entra por los ojos antes que por la nariz, y después de tantos sábados en esto le sigo dando la razón: ver la fila de paquetes listos sobre la mesa, con las etiquetas escritas a mano, me deja más satisfecha que cualquier compra de último minuto.
Hace poco me escribió Felipe, uno de los lectores del blog, preguntándome varias veces el mismo día, cada vez con otras palabras, si el papel film podía dañar el jabón si lo dejaba puesto varios días. Le dije que no, al contrario, es lo que evita que sude, y que las preguntas repetidas nunca me molestan, significan que alguien más anda con las manos manchadas de colorante en su propia cocina.
Un regalo que no necesita apuro
Al final de una tarde así, entre moldes, esencias y una gata que audita cada paso, entiendo por qué sigo volviendo. No es un plan para montar un negocio ni para llenar una feria de diciembre; es el rato de silencio en el que solo estamos Miga, el café frío que se me olvida tomar, y algo bonito tomando forma para la gente que quiero.
Si te pica la curiosidad de ir un paso más allá, alguna vez reviso el Crea tus propios moldes de silicona para figuras que nadie más tiene, como un pesebre chiquito o copos de nieve con formas propias. Y si prefieres algo que te acompañe desde cero sin que te agobies con la parte técnica, el SUPER COMBO ARTESANAL 3 EN 1 trae bastante material para ir resolviendo dudas sobre la marcha, que es justo lo que a mí me hubiera servido en mis primeros sábados de esto.
¿Ya decidiste qué le vas a regalar a tu familia esta Navidad? Cuéntame si te animas a intentar algo hecho por ti, me encantaría saber qué aromas terminaste eligiendo.