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Mi tercer intento con moldes nuevos: lo que el segundo no me enseñó

2026.09.14
Mi tercer intento con moldes nuevos: lo que el segundo no me enseñó

Eran pasadas las seis de la tarde de un sábado nublado en Bogotá, de esos donde el frío se cuela por las rendijas de la ventana vieja de mi estudio, y yo estaba ahí, mirando fijamente un molde de silicona que parecía más una masa amorfa que la figura geométrica que compré con tanta ilusión. Simón, mi gato, soltó un bostezo ruidoso justo encima de mis bocetos de ilustración, como si se burlara de mi frustración. Tenía en la mano un pedazo de cera fría y un sentimiento de 'otra vez fallé' que no me quitaba nadie, mientras el olor a sándalo de la tanda anterior todavía flotaba en el aire, recordándome que el segundo intento había sido un desastre absoluto.

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El desastre del segundo intento (o por qué Simón tenía razón)

Vela de soja fallida con textura aceitosa junto a un molde de silicona

Todo empezó hacia finales del año pasado, en un sábado nublado de noviembre que se sentía igual de gris que mi primera tanda de velas. Yo venía de hacer jabones de glicerina, que son mucho más agradecidos, la verdad. Pero con las velas... ay, las velas son otra historia. En ese segundo intento, me creí la experta. Decidí que no necesitaba medir nada. 'Lucía, tú eres artista', me dije, 'tienes buen ojo'. Y entonces, vertí la fragancia como quien le echa sal a un ajiaco, sin pesar, sin pensar.

El resultado fue una vela que 'sudaba' aceite por todos lados porque superé por mucho el porcentaje máximo de fragancia recomendado del 10%. La cera simplemente no pudo absorber tanto aroma. Además, por las prisas de ver la figura terminada, tiré del molde demasiado rápido. Sentí un 'crack' sordo y, cuando saqué la pieza, la cabeza de la figura se había quedado pegada al fondo de la silicona, dejando un hueco aceitoso y pegajoso que me tomó horas limpiar. Me sentí fatal, como cuando arruinas una ilustración digital porque olvidaste crear una capa nueva y pintaste todo sobre el fondo.

Me quedé pensando que si puedo manejar las capas de un archivo de Photoshop con sus máscaras y efectos, debería poder manejar las capas de vertido de una vela de pilar. Pero la cera no tiene un comando 'Z' para deshacer. Mi abuela siempre decía que el jabón y la cera huelen el miedo, y ese día, mi cocina olía a miedo y a exceso de esencia de vainilla barata. Fue ahí cuando me di cuenta de que mi refugio entre ceras y moldes necesitaba un poco más de estructura y un poco menos de improvisación bogotana.

Cuando el 'ojo' falla: la ciencia que mi abuela no me contó

Termómetro midiendo la temperatura de la cera de soja derretida

Durante las lluvias de abril, mientras el agua golpeaba el cristal de mi estudio y yo intentaba terminar un encargo de acuarelas, decidí que no iba a perder más material. Me puse a investigar en serio sobre la cera de soja de bajo punto de fusión. Resulta que esta cera, que es la que usamos la mayoría de los que estamos empezando, tiene un punto de fusión de entre 48 y 54 grados Celsius. Si la calientas demasiado, la fragancia se quema; si la viertes muy fría, se despega del pabilo o crea esas horribles manchas blancas que parecen escarcha.

Entendí que los moldes complejos, esos que tienen mil detallitos y recovecos, no perdonan. No son como los frascos de vidrio donde la cera simplemente se asienta. Aquí la cera se contrae ligeramente al enfriarse, lo cual es una bendición porque ayuda a que se suelte de las paredes del molde, pero si no controlas la temperatura, esa contracción hace que la vela se chupe hacia adentro y quede un agujero en la base. Me acordé mucho de las recetas de mi abuela; ella no usaba termómetros, pero sabía exactamente cuándo el jabón estaba 'de punto' solo por el brillo de la cuchara. Yo, que no tengo ese superpoder, tuve que rendirme a la técnica.

Fue en ese momento, hace apenas unas semanas, cuando decidí darle una oportunidad a algo más guiado. Me topé con el Taller: Velas artesanales en moldes y, sinceramente, fue como si alguien me prendiera la luz en un cuarto oscuro. Aprendí cosas que parecen obvias pero que nadie te dice, como que el tiempo de curado de la silicona si decides hacer tus propios moldes (como la silicona RTV-2) es de 24 horas. Ni una hora menos si no quieres que se te desgarre el molde al primer uso. Si te pica la curiosidad de ir más allá, también existe el Curso para crear tus propios moldes de silicona, que tengo en mi lista de deseos para cuando Simón me deje espacio en la mesa.

El dilema de los moldes complejos (y el truco para mamás ocupadas)

Diferentes tipos de moldes de silicona para velas sobre un mesón de cocina

Tengo una amiga que siempre me dice que ella no podría tener este hobby porque tiene dos niños pequeños corriendo por toda la casa. Y la entiendo. El proceso de las velas suele ser lento, de mucha paciencia. Pero en mi tercer intento descubrí que hay una forma de hacerlo 'amigable' para gente sin tiempo. El truco está en elegir moldes de silicona de alta resistencia y usar ceras que fragüen un poco más rápido. Los consejos estándar de 'espera tres horas' fallan cuando tienes un niño pidiéndote onces o una reunión de Zoom en diez minutos.

Para quienes viven en ese caos hermoso de la paternidad, mi recomendación es buscar moldes con paredes gruesas. La silicona más firme aguanta mejor los tirones bruscos (o los golpes accidentales de un balón de fútbol pequeño). Además, aunque el uso de desmoldante en spray es opcional, para alguien con prisa es vital; prolonga la vida útil del molde y evita que la figura se rompa si tienes que desmoldar un poco antes de lo ideal porque el deber llama.

En mi caso, mi 'hijo' es Simón, que el mes pasado, en una tarde de descanso, decidió que la jarra de aluminio con cera derretida era un excelente lugar para frotar su lomo. Por suerte estaba apagada, pero el susto me recordó que en este hobby, la seguridad y la practicidad van de la mano. Si buscas algo completo que te enseñe desde lo básico hasta cosas más avanzadas sin tener que saltar de video en video, el SUPER COMBO ARTESANAL 3 EN 1 es una salvación, especialmente porque incluye guías que puedes consultar rápido mientras esperas a que la cera llegue a la temperatura ideal.

El tercer intento: donde por fin salió el sándalo

Desmoldando una vela de soja perfecta con detalles geométricos definidos

Hace tres semanas, me armé de valor para el tercer intento. Saqué mi termómetro (sí, el de cocina que ahora es solo para velas), mi gramera y mi molde de silicona limpio. El cielo de Bogotá estaba amenazando lluvia otra vez, pero dentro de mi cocina se sentía una calma distinta. Empecé a derretir la cera a baño maría, viendo cómo esos bloques blancos se volvían transparentes. El vapor denso con aroma a sándalo empezó a subir de la jarra de aluminio mientras las primeras gotas de lluvia golpeaban el cristal.

Esta vez no hubo improvisación. Esperé pacientemente. Vi cómo la temperatura subía y luego bajaba. Sentí cómo la tensión en mis hombros desaparecía justo cuando el termómetro marcó los 70 grados exactos para añadir el aroma. Es un momento casi meditativo. Vertí la mezcla en el molde con un pulso que no sabía que tenía, llenando cada detalle de la figura geométrica que tanto me había costado. No hubo burbujas. No hubo derrames.

Al día siguiente, después de dejarla reposar toda la noche (porque la paciencia es una virtud que estoy aprendiendo a la fuerza), llegó el momento de la verdad. Sentí la resistencia justa de la silicona al estirarla. Esta vez no tiré con rabia. Fui moviendo los bordes con cuidado, dejando que el aire entrara. Y de repente, 'pum', la vela salió perfecta. Los detalles estaban ahí: las aristas definidas, la superficie lisa, sin ese aspecto aceitoso del intento anterior. Fue tan satisfactorio como entregar un archivo final de ilustración sin correcciones.

Hacer velas se ha convertido en mi mejor terapia frente al ritmo frenético del trabajo freelance. No importa si a veces salen burbujas o si Simón decide auditar mi mesa de trabajo tirando los pabilos al suelo. Lo que importa es ese sábado por la tarde, el olor a cera limpia y la satisfacción de haber creado algo con mis propias manos que no vive dentro de una pantalla. Si estás pensando en empezar, no le tengas miedo a los moldes difíciles; solo tenles respeto y, quizás, consíguete un buen curso como el Curso de Velas de Soja Aromáticas Paso a Paso para no dar tantas vueltas como di yo.

Y para cerrar esta historia, si tú también sientes que necesitas un respiro creativo entre semana, te invito a que saques una olla vieja, un poco de cera y te lances a probar. Puede que el primer molde se resista, pero te prometo que el aroma de una vela hecha por ti, mientras afuera llueve y tienes un café a la mano, hace que cada error valga la pena. ¡Nos vemos el próximo sábado de manualidades!