Olorua

Elegir colores para jabones artesanales con mi ojo de ilustradora

2026.10.03
Jabones artesanales con capas de color inspiradas en teoría del color para ilustradores

Nueve jabones distintos salieron de esa tanda de un sábado, y solo tres se parecían al boceto que tenía en la cabeza antes de derretir la base. Los otros seis quedaron en algún punto entre el lodo y el aguacate pasado, y durante un rato largo pensé que mi ojo entrenado en teoría del color, el mismo que uso para ilustrar, no servía para nada frente a una olla de glicerina caliente. Resulta que sí sirve, pero hay que traducirlo: hacer jabones artesanales no es pintar sobre un lienzo blanco, es teñir un material que ya trae su propio carácter, y ese hobby bogotano de fin de semana me ha enseñado más sobre el color de lo que esperaba.

Antes de seguir, el aviso de siempre: este blog tiene enlaces de afiliado, y si compran algún curso o material a través de uno de ellos me llega una comisión, sin que a ustedes les cueste un peso extra. Por acá solo aparece lo que de verdad he probado en mi cocina, para bien o para mal.

El choque entre mi teoría del color y la jarra de glicerina

Como ilustradora freelance paso media vida moviendo los canales del modelo CMYK. Si necesito un violeta profundo en Photoshop, sé exactamente qué deslizador tocar. Pero con el jabón esa seguridad se cae: recuerdo bien la tarde en que vertí de más un pigmento azul sobre una base amarillenta y obtuve un verde pantanoso que no tenía nada que ver con el boceto original. Mi gato, desde su rincón del mesón, me miraba con ese juicio que solo los felinos y los directores de arte saben proyectar.

La explicación estaba en la base, no en el pigmento. Si usan base transparente, el color se comporta como una acuarela, dejando pasar la luz; si usan base blanca, más densa, el color se aplaca y gana estabilidad, pero pierde esa profundidad de acuarela. Nadie me lo explicó así al principio, y perdí varias tandas por tratar la base blanca como si fuera un lienzo en blanco de verdad.

Glicerina derretida junto a pigmentos para probar teoría del color en jabones artesanales

El tiempo y la temperatura también le cambian la cara a un color

Dejé de desperdiciar material por orgullo cuando empecé a prestarle atención a cómo se relacionan opacidad y saturación. Si están empezando y quieren ordenar esa parte antes que yo, el SUPER COMBO ARTESANAL 3 EN 1 (LIBROS + VIDEOS) explica las bases de forma mucho más ordenada de lo que yo lo hago mientras esquivo los pelos de gato sobre la mesa. A mí me tomó un termómetro de cocina corriente, de esos para carne, que marcaba diez grados menos de lo real sin que yo lo supiera durante semanas: vertía las capas creyendo que ya habían bajado de temperatura, y los colores que debían quedar separados se me mezclaban en una franja turbia en el borde.

Con la fragancia pasa algo parecido, aunque ahí el problema es más lento. Si el aceite tiene mucho de ese toque a vainilla, el color se va apagando con el tiempo sin que yo pueda hacer gran cosa al respecto, y un azul que empezó precioso termina con un velo café que no pedí. Es como si alguien le pasara un filtro sepia no deseado a la pieza.

Pintar el jabón por capas, como un boceto que se seca despacio

Una mañana nublada me puse a experimentar con micas: son partículas tan finas que, bajo la luz de la ventana, parecen polvo suspendido más que pigmento, y eso les da ese brillo perlado tan particular. Empecé a aplicar la lógica de capas que uso en mis ilustraciones: en lugar de teñir todo el bloque de un solo color, hago vertidos sucesivos, primero una base blanca sólida, luego una capa transparente con un poco de mica azul, luego otra con un toque de violeta.

El vapor caliente de la glicerina recién derretida subiéndome a la nariz, mezclado con un fondo de pino que se queda flotando en el estudio, es lo que me da la calma para no apurar el proceso. Para entender cómo se comportan estas capas sin quemarme otra vez con la temperatura, releo seguido mis notas sobre las diferencias entre tipos de base de glicerina, que me han salvado de más de un degradado desastroso.

Vertido de capas de colores en jabón artesanal de glicerina sobre mesa de trabajo

Un rosado perfecto en la cocina se ve gris en otra luz

Subí a Monserrate un domingo con mi prima segunda Adriana, que vive en Cali y estaba de paso por Bogotá, y me acordé de un jabón rosado coral que había hecho esa semana y que me parecía precioso sobre la mesa de la cocina. En la foto que le tomé allá arriba, con esa luz de montaña que cambia de sol a nube en minutos, el mismo rosado se veía apagado, casi ceniza. No era el jabón el que había cambiado: era la luz.

Desde entonces pruebo cada combinación bajo al menos dos fuentes distintas antes de darla por terminada, la luz de la tarde que ya se está yendo y la de una lámpara común en la noche, no solo el sol de mediodía que todo lo hace ver bien. Si el color aguanta ahí, aguanta casi cualquier cosa. Es un truco que vengo arrastrando de la ilustración editorial, donde uno revisa la prueba de color bajo distintas luces antes de mandarla a imprenta, y el Taller: Velas artesanales en moldes tiene ideas de estética que terminé aplicando también a cómo fotografío los jabones.

Comparación de cómo cambia el color de un jabón artesanal bajo distinta luz

El jabón se volvió un lienzo con volumen

Hacer jabón dejó de ser solo un proceso de limpieza. Es como si mis pinceles hubieran ganado volumen. Para la sexta semana ya distinguía, solo con mirar la mezcla en el molde, qué colores iban a aguantar el enfriamiento y cuáles se me iban a apagar, y la prueba que uso ahora es boba pero nunca falla: paso el pulgar por la superficie del jabón ya cuajado, bajo esa luz de domingo que entra sesgada y cae justo sobre el molde, y si no deja ninguna marca, sé que el color que estoy viendo es el que se va a quedar.

Mi abuela decía que para que la ropa quedara bien blanca había que dejarla al sol con un poco de añil. No sabía nada de micras ni de círculos cromáticos, pero entendía la luz mejor que cualquier curso. Sigo ese instinto y le sumo mis capas y mis pigmentos, y la creatividad en casa, al final, no pide mucho más que eso: una tarde libre, ganas de ensuciarse las manos y la disposición a que la mitad de la tanda salga mal. Si les da curiosidad, no le tengan miedo a arruinar un par de bloques, el jabón "feo" sigue sirviendo para bañarse, y cada vez que compruebo un color bajo una luz que no es la de mi cocina evito repetir el mismo error. Para quienes quieran profundizar más en esta mezcla de oficios, el combo artesanal que probé hace poco me dio ideas para seguir cruzando estos dos mundos.

Jabón artesanal terminado con degradado de color tras aplicar teoría del color

Si están pensando en ordenar un poco más el ojo antes de seguir arruinando bloques como yo, les dejo otra vez el SUPER COMBO ARTESANAL 3 EN 1. No sé cuánto cuesta ahora mismo porque eso cambia en la página del vendedor, pero tenerlo a mano mientras el gato audita mi trabajo ha sido la diferencia entre hacer lodo y hacer algo que de verdad se parece a lo que tenía en la cabeza. Anímense a mezclar sin miedo.