Olorua

Uso de hierbas aromáticas en jabones de glicerina para mi autocuidado

2026.10.16
Uso de hierbas aromáticas en jabones de glicerina para mi autocuidado: bloque recién cortado sobre la mesa

El cuchillo entra en el bloque de glicerina casi sin esfuerzo, con ese chasquido suave que ya conozco de memoria, y antes de pensar en nada más ya tengo las manos metidas en ese olor neutro y un poco dulzón que para mí es la señal de que empezó el sábado de verdad. Llevo meses metiendo hierbas secas a mis jabones artesanales: caléndula, romero, un poco de lavanda cuando encuentro buena. Esta mezcla entre glicerina y botánica se volvió la parte del fin de semana que más me ordena la cabeza después de una semana llena de clientes que piden cambios sin saber explicar qué quieren. Autocuidado, para mí, no es la palabra bonita que sale en los carruseles de Instagram: es este rato exacto, con las manos ocupadas y la mente en blanco.

Antes de seguir, el aviso de siempre: hay enlaces de afiliado sueltos por este texto. Si terminas comprando un curso o un material a través de alguno, me llega una comisión chiquita por recomendarlo, y a ti el precio no te cambia ni un peso. Lo que aparece aquí es solo lo que yo he probado con mis propias manos o lo que tengo guardado en una lista mental después de investigar mucho; si no te aviso que es afiliado, es porque no lo es.

El bloque de glicerina y mi ritual del sábado

Hay un sonido muy particular cuando el cuchillo atraviesa la glicerina fría, como cortar mantequilla dura que no se quiere dejar, y ese momento se volvió mi parte favorita de todo el proceso. Desde que empecé a meter hierbas a la mezcla, picar el bloque en cubitos parejos dejó de ser un paso aburrido y se convirtió en la meditación real de mi sábado. Cada cubo que cae en la olla es un poquito de la semana de ilustración que se queda atrás.

Jabón artesanal de glicerina: cuchillo cortando el bloque transparente sobre la tabla de madera de la cocina

Aquí en Bogotá el agua del baño maría se comporta un poco distinto a como la describen los tutoriales que ruedan por internet, y durante semanas confié en un termómetro de cocina corriente, el mismo que uso para el café, sin sospechar nada raro. Cuando por fin lo comparé con uno que me prestó una vecina, marcaba como diez grados menos de lo real, así que medio bloque de glicerina se me pasó de temperatura sin que yo me diera cuenta, y terminé con burbujas feas en la superficie más veces de las que quiero admitir. Ahora miro la mezcla más que el número: el punto exacto es cuando queda líquida pero todavía no humea con ganas, y ahí le echo las hierbas secas y el aceite.

Si te gusta planear cada detalle antes de mojarte las manos, por aquí conté por qué dibujo mis diseños de jabones antes de fundir la glicerina, que me ayuda a no desperdiciar material cuando ya tengo las hierbas listas sobre la mesa.

El jabón de menta que terminó pareciendo sopa vieja

Ver los pétalos de caléndula quedar suspendidos en el jabón todavía me parece una de las cosas más bonitas que me ha dado este pasatiempo, como atrapar flores dentro de un vidrio. Pero la menta fresca me dio una lección que no se me olvida. Un fin de semana de lluvia se me ocurrió usar menta recién cortada de un puesto en la Plaza de Lourdes, en Chapinero, donde compro casi todas las hierbas que les pongo a mis jabones, y a los pocos días el resultado parecía una sopa de verduras olvidada en la nevera: las hojas se pusieron cafés y el jabón perdió toda la gracia que tenía al principio.

Autocuidado creativo con hierbas aromáticas: jabón de caléndula logrado junto al jabón de menta oxidado que salió mal

Desde ese jabón arruinado solo compro hierbas ya secas, y todavía las dejo reposar un rato más antes de meterlas a la mezcla. Uso mucho menos de lo que una pensaría necesario, una pizca, no un puñado, porque entre más hierba le metía, peor se veía el resultado final. Si la textura y el color te interesan tanto como a mí, cuento más de cómo pienso esa parte en elegir colores para jabones artesanales con mi ojo de ilustradora, que para mí va de la mano con elegir bien la hierba.

La piel sensible no perdona lo "natural" a lo loco

Mi prima Adriana, la que vive en Cali, fue la primera persona en recibir uno de estos jabones de caléndula, ya terminado, de regalo, le mandé fotos de todo el proceso y, apenas se lo di, ya lo había subido a su Instagram sin que yo me enterara. Es de las que ama todo lo hecho a mano pero no tiene ni un poquito de paciencia para dejar que algo cure el tiempo que necesita; si fuera por ella lo hubiera usado esa misma noche. La dejé, pero con cualquier otra persona de piel más delicada no me arriesgaría tanto: verla reaccionar me dejó claro que algo "natural" como el romero o la lavanda también puede irritar si una se pasa de la mano.

Las guías bonitas de jabonería casera rara vez hablan de esto, pero un aceite esencial fuerte mezclado con hierba seca puede ser demasiado para una piel que ya está sensible, así que ahora siempre pruebo un pedacito pequeño antes de usar el jabón completo en la cara o el cuerpo. La seguridad va antes que el aroma, aunque el aroma sea la mitad de la razón por la que hago esto. Cuando quiero salir del jabón un rato y meterme más en el tema de las velas, el Curso de Velas de Soja Aromáticas Paso a Paso me ha servido para entender mejor cómo armar ese ambiente completo de baño que tanto me gusta.

Glicerina y botánica: base derritiéndose al baño maría con hierbas secas y aceite esencial listos para mezclar

Envolver a tiempo para que el jabón no sude

La glicerina es una consentida que atrae humedad del aire, y en esta ciudad eso se nota rápido: si no envuelvo el jabón apenas se enfría, a los pocos días le salen gotitas en la superficie, como si estuviera llorando. No voy a meterme aquí en todo el por qué, ya hay quien lo explica mejor que yo, pero sí te digo que envolver rápido en papel film es lo que más me ha salvado los jabones que más trabajo me cuestan.

Cuando empecé a mezclar velas y jabones en la misma mesa me sentí un poco perdida con tantos materiales sueltos, todavía me sorprende el peso tibio que tiene en las manos una ollita de peltre cuando la cera de adentro está apenas a medio fundir, más pesada de un lado que del otro, como si no quisiera derretirse pareja, y por eso terminé mirando con calma las ventajas de aprender velas y jabones en un combo artesanal completo en vez de ir comprando cosas sueltas sin ton ni son.

Mi abuela hacía jabón de tierra con sus propias manos, de ese que se cura por semanas y no se derrite con nada, y siempre decía que el secreto no estaba en la receta sino en la paciencia de esperar. Uso glicerina moderna, que se funde con solo un poco de calor, pero esa parte de la lección se la robé completa: la paciencia sigue siendo el ingrediente que más se me olvida comprar.

Jabones artesanales de glicerina junto a una vela de soja en el borde de la tina, rincón de autocuidado

Ocho semanas después, lo que realmente cambié

Hace unas ocho semanas empecé a guardar un jabón de cada tanda en el cajón de arriba, solo para mirarlo pasar el tiempo, y lo que más me sorprendió fue abrirlo hace poco y ver que seguía con el mismo tono pálido del primer día, sin ese amarillo sucio que les salía antes a los que yo apuraba. Nada cambió en la receta más que el orden en que hago las cosas: hierbas bien secas, poquita cantidad, y envoltura rápida apenas se enfrían.

Si quieres meterte en este mundo sin andar comprando cada cosa suelta y adivinando qué combina con qué, el SUPER COMBO ARTESANAL 3 EN 1 trae bastante material para experimentar sin estar calculando cada paso, que es justo lo que me hubiera gustado tener al principio.

Envolviendo un jabón artesanal de glicerina recién curado para protegerlo de la humedad de Bogotá

Afuera ya se soltó el aguacero de siempre y mis manos todavía huelen a eucalipto cuando termino de envolver el último jabón de la tanda. El autocuidado real, para mí, no es ningún montaje de velas perfectas ni jabones de catálogo, es este desorden de sábado, con tazas de café a medio terminar y hierbas secas regadas por toda la mesa. ¿Te provoca derretir un poco de glicerina este fin de semana? Si quieres evitarte mis mismos tropiezos con las fragancias, por aquí conté cómo dejar de calcular la esencia al ojo, que sirve igual de bien para los jabones que para las velas.