Olorua

Velas aromáticas para concentrarme mientras ilustro en mi taller de dibujo

2026.10.19
Velas de soja para ilustración y enfoque en un taller de manualidades en Bogotá

Mi gato nunca se sienta donde hay silencio: se sienta donde hay una vela encendida. Llevo un buen tiempo comprobando que una vela de soja prendida cambia la manera en que me concentro cuando ilustro, y la regla que más me ha servido es sencilla: la enciendo antes de abrir el cuaderno de bocetos, nunca a mitad de un trazo, porque para entonces ya es tarde para que el aroma le aporte algo a mi enfoque.

Antes de seguir, un aviso rápido: en este blog hay enlaces de afiliado, y si compran algún curso o material por ahí, me llega una pequeña comisión que no les cambia el precio ni un peso a ustedes. Solo recomiendo lo que de verdad he probado en mi cocina, con los aciertos y con los desastres (que no han sido pocos).

Comunicación comercial (Ley 3/1991 de Competencia Desleal, art. 26): algunos enlaces de este artículo son de afiliado. Si compras a través de ellos, recibo una comisión del vendedor - tu precio no cambia, ni hacia arriba ni hacia abajo.

¿Qué necesito oler antes de abrir el cuaderno?

Empecé con los jabones de glicerina en plena pandemia, tratando de rescatar las recetas de mi abuela, esas que olían a limpio y a campo sin que ella necesitara explicarme por qué. Las velas llegaron después, casi por accidente, y desde entonces el aroma se volvió parte de cómo preparo el cuerpo para dibujar: no es solo prender algo bonito, es saber que lo hice yo misma y que conozco cada ingrediente que lleva adentro.

Para el encargo de esta semana (unas flores de cera para una editorial que publica guías de jardinería) necesitaba ver pétalos reales, no fotos de internet, así que fui hasta el Mercado de Paloquemao a buscar un ramo. Volví con las manos llenas y con una idea clara: el olor de las flores recién compradas no se parece en nada al de ninguna fragancia embotellada, pero me sirvió para decidir qué tan dulce o qué tan verde quería el aroma de la vela que iba a encender esa tarde.

Trozos de cera de soja listos para una vela de concentración mientras se ilustra

Durante un tiempo hice todo esto 'al ojo'. Como soy ilustradora, una jura que tiene buen criterio para las proporciones, y pensaba que un chorrito de esencia por aquí y un puñado de cera por allá bastaban. No bastaban. Me pasaba que la vela olía delicioso apagada y que, al encenderla, el aroma se quedaba corto, o que se apagaba sola porque le había puesto más aceite del que el pabilo podía sostener.

Velas de soja para la ilustración y el enfoque

Hace un tiempo seguí completo el Curso de Velas de Soja Aromáticas Paso a Paso, no tanto buscando una receta exacta sino a alguien que me dijera en qué punto hay que dejar de mover la cera y simplemente esperar. Eso fue lo que de verdad me sirvió para el taller: entender que el enfoque, igual que la cera, necesita un rato quieto antes de asentarse.

Termómetro sobre cera derretida en un taller de manualidades en Bogotá

Uso cera de soja porque es la que menos humo suelta cerca de mis papeles, y porque el aroma se siente más cercano, menos a tienda. Eso sí, prendo la vela siempre antes de sentarme, nunca cuando ya llevo rato dibujando, porque si el olfato se acostumbra al aroma antes de que el ojo se acostumbre al boceto, la vela deja de servir para concentrarme y solo queda ahí, decorativa.

Manualidades en Bogotá: lo que no funcionó antes de encontrar el ritmo

Como les contaba en mi post sobre las velas que sí huelen, la paciencia es el ingrediente que no viene en ningún kit, y a mí me costó aceptarlo con jabones antes que con velas. Pilar, una amiga de la carrera, todavía se ríe de mi primer lote: quise acelerar el proceso derritiendo una base de glicerina en el microondas, a la potencia máxima, pensando que así ahorraba tiempo, y terminé con una base quemada que había que botar entera.

Lo curioso es que fue justo Pilar la primera en pedirme una segunda tanda de esos jabones, apenas vio lo que había quedado del primer intento. Dice que le daba curiosidad ver si yo aprendía algo del desastre antes de mandárselo por correo. Con las velas pasó algo parecido: la primera que hice con prisa quedó con un hueco feo en el centro, y mi gato solo se acercó a olerla y se fue, como diciendo que ya sabía cómo iba a terminar eso.

Vela de soja con un hueco en el centro junto a un boceto de ilustración botánica

El aroma que no estorba cuando se comparte el taller con un gato

Vivo en un apartamento donde los espacios se comparten, y además tengo a mi auditor de cuatro patas, así que no puedo llenar el taller de olores invasivos que le hagan daño a una nariz mucho más sensible que la mía. Por eso me incliné por el sándalo y un toque de bergamota: son aromas que se sienten presentes sin gritar, y que no dejan el cuarto oliendo distinto una hora después de apagar la vela.

Cuando mandé la foto de la vela con el hueco al grupo de WhatsApp de artesanas, Cecilia Restrepo fue la primera en responder con signos de exclamación, como si yo hubiera ganado algo en vez de arruinar una vela entera. Así es ella con cualquier fracaso ajeno: lo celebra con la misma energía que un acierto, y la verdad es que ayuda a que una no se tome tan en serio cada vela fallida.

Esencia de sándalo sobre un escritorio de ilustración y enfoque en Bogotá

Para seguir probando combinaciones sin gastar en materiales nuevos cada vez, he estado mirando el SUPER COMBO ARTESANAL 3 EN 1, que me ha dado ideas para mezclar texturas entre el jabón y la vela, no solo recetas sueltas. Si quieren profundizar en por qué el aroma mientras dibujo se volvió parte de mi rutina, tengo otro texto sobre por qué uso velas aromáticas mientras ilustro, donde cuento más de ese ritual.

¿Por qué el bienestar del taller no cabe en un curso?

Sé que la mezcla quedó bien cuando la vierto en el frasco y no aparece ni una sola burbuja en la superficie: ese detalle, más que cualquier otra señal, me dice que esta vela va a arder pareja y que el aroma no va a salir disparejo tampoco. No necesito ningún instrumento para confirmarlo, solo mirar bien el momento en que la cera cae.

Vela de soja encendida en un taller de manualidades en Bogotá con el gato dormido al fondo

No busco convertir esto en un negocio ni en una feria de fin de semana; busco esos minutos en los que sé que la vela está lista, el boceto avanza y el gato finalmente se queda quieto. Si están empezando y quieren ahorrarse frustraciones, el Curso de Velas de Soja Aromáticas ayuda a saltarse varios de los errores que yo tuve que cometer por necia. Lo demás, el bienestar real del taller, no viene en ningún curso: se arma solo, vela tras vela, tarde tras tarde.