Olorua

Por qué dibujo mis diseños de jabones antes de fundir la glicerina

2026.10.06
Cuaderno de bocetos con diseño de jabón de glicerina junto a bloques de base transparente para jabones artesanales.

Dedicar media tarde a pintar con acuarelas un diseño de jabón que de todas formas va a terminar disuelto en el lavamanos de alguien podría parecer un capricho sin sentido. Llevo años resolviendo así cada diseño de jabones de glicerina antes de acercarme siquiera a la estufa, y para mí este hobby relajante de los sábados tiene esa regla fija desde el principio. Aviso rápido antes de seguir: este texto tiene enlaces de afiliado, y si compras algo a través de uno me llega una comisión sin que a ti te cueste nada más, solo recomiendo materiales o cursos de jabones artesanales con los que de verdad tengo historia en mi cocina.

Por qué dibujar un diseño de jabón que de todos modos va a derretirse en la ducha

Dibujar el jabón primero no es un capricho de artista con tiempo libre. Es que una vez viertes la glicerina, el reloj corre en tu contra: hay apenas un puñado de minutos antes de que el material decida su forma final, y ahí ya no hay vuelta atrás. Cecilia, una compañera del grupo de artesanas con las que hablo casi todos los días, me manda fotos del jabón todavía en el molde pidiendo opinión antes de desmoldar — yo hago esa misma consulta ansiosa, pero mucho antes, cuando el diseño todavía es solo tinta y acuarela sobre papel y corregir no cuesta nada.

Manos cortando un bloque de base de glicerina transparente sobre una mesa de madera, primer paso para hacer jabones artesanales.

El cuaderno como mapa de capas y tiempos de espera

Mi cuaderno funciona como mapa, no como galería. En cada página marco el orden exacto en que van a caer las capas, con flechas que parecen de arquitecto amateur, y al margen anoto cuánto debería esperar entre un vertido y el siguiente, sin meterme más a fondo en ese tema de los tiempos de reposo porque es casi un oficio aparte. Pilar, una amiga de la época de la carrera que ahora vive en Medellín, me manda de cuando en cuando paquetes con papeles y telas que compra casi por impulso y después no sabe dónde poner; varias de esas texturas terminaron pegadas en los bordes de mi libreta como referencia de un borde o una veta que quiero imitar, y ahí es donde mi ojo de ilustradora decide el tono final antes de que la jarra siquiera esté en la estufa. Cuando necesito refrescar algún truco de transparencias, reviso el SUPER COMBO ARTESANAL 3 EN 1 (LIBROS + VIDEOS), que tengo guardado de cuando empecé y todavía me sirve como referencia rápida.

Boceto en acuarela de un diseño de jabón comparado con el jabón de glicerina artesanal ya en proceso de fundido.

Decidir el peso visual antes de encender la estufa

Antes de cortar un solo cubo de glicerina, decido en el papel dónde va a quedar el peso visual del jabón terminado. Si quiero un degradado, lo resuelvo primero con acuarela: pruebo el tono mojado y seco, porque en papel seco el color siempre parece más pálido de lo que después se ve en la glicerina transparente. Si la idea lleva flores secas o trocitos de otro jabón como inclusión, los recorto en papel y los muevo sobre el boceto hasta que el ojo deja de tropezarse, y recién ahí paso ese mapa a la base real. Quien se pierda entre las diferencias entre tipos de base de glicerina va a notar que cada una suspende distinto una inclusión, y por eso ese boceto previo me dice qué base pedir antes de encender nada.

El papel aguanta lo que la glicerina caliente no perdona

El papel aguanta cualquier corrección; la glicerina caliente no perdona casi ninguna. Antes de tener este método armado, una vez metí la base entera al microondas a máxima potencia pensando en ganar tiempo entre un vertido y otro, y lo que saqué de ahí fue un bloque quemado que olía a plástico derretido, no a jabón. Mezclar pigmentos a ojo directo en la jarra caliente, sin haber resuelto antes el tono en papel, es la forma más rápida de perder el control de las proporciones. Hay otro tema, el de qué colorantes migran y cuáles se quedan quietos dentro de la base, que prefiero dejarle a quien ya lo explicó bien en otra entrada del blog. Lo que sí puedo contar es que reviso jabones de diseños viejos de tanto en tanto, y el tono sigue siendo el mismo que el día que los desmoldé, sin ese matiz ambarado que a veces aparece cuando algo quedó mal resuelto desde el boceto.

Rociando alcohol isopropílico sobre una capa de jabón de glicerina fundido para eliminar burbujas antes de que solidifique.

Los bordes que solo se resuelven con lápiz, no con la cuchara

Hay bordes que solo se resuelven con lápiz, nunca con la cuchara de madera metida en la glicerina líquida: ese dorso resbaloso y caliente que se siente raro entre los dedos cada vez que la saco del líquido no perdona errores de pulso. Sobre la misma mesa de madera oscura y rayada donde dibujo, tengo los frascos ordenados por color en la repisa de arriba, así que el boceto y el pigmento real quedan a la misma distancia visual cuando comparo tonos. Miga, mi gata color caramelo, se enrosca en la canasta de trapos de la esquina mientras trabajo, y cada tanto decide que el boceto recién terminado es mejor cama que el papel en blanco. No entro en los detalles de cuánta fragancia soporta la base sin perder cuerpo, ni en los grados exactos a los que debería estar la glicerina antes de verter la segunda capa, ni en cómo preparar un molde de silicona propio — esos temas los explico con calma en otras entradas. Aquí lo que importa es que el papel me deja probar el ángulo de un corte tres veces antes de arriesgar la base de verdad una sola vez.

Jabón artesanal de glicerina terminado colocado sobre el boceto original que inspiró su diseño.

Si el boceto no sirve para nada

El boceto podría no servir para nada y toda esta ceremonia podría ser solo una manía de ilustradora que no sabe soltar el lápiz. Lo pienso cada vez que veo a quienes venden en ferias trabajar con moldes estandarizados y una velocidad que yo no tengo ni busco — para ellos la prioridad es sacar muchas piezas iguales, y está perfecto, pero no es mi juego. Mi regla es simple y la aplico siempre: si no puedo anticipar en el papel cómo se va a ver un corte o una capa, no lo intento directo en la jarra caliente, así tenga que repetir el boceto dos o tres veces antes de sentirme segura. Si estás empezando y el papel todavía no te alcanza para resolver esas dudas, el SUPER COMBO ARTESANAL 3 EN 1 (LIBROS + VIDEOS) me sigue pareciendo un buen punto de partida para ordenar la base técnica, y si la curiosidad te lleva hacia las velas, las primas hermanas de los jabones en esto de fundir cosas, el Curso de Velas de Soja Aromáticas Paso a Paso es de los pocos que he visto explicar bien lo básico sin marearte.