
Afuera, Bogotá está haciendo lo suyo: una llovizna gris que parece que no va a terminar nunca y ese frío que se te mete en los huesos si no tienes un tinto a la mano. Pero aquí adentro, en mi cocina que también es mi taller de ilustración cuando el sol ayuda, el aire huele a lavanda y a algo dulce que todavía no descifro. Simón, mi gato, está sentado en el borde de la mesa, auditando con mucha seriedad el vapor que sale de mi olla de acero. Es un sábado de julio, de esos lluviosos, y por primera vez en mucho tiempo no siento que estoy improvisando un desastre.
Antes de contarte cómo pasé de ser una acumuladora de moldes a alguien que realmente sabe lo que hace, tengo que decirte algo importante. En este blog vas a ver algunos enlaces a cursos y materiales. Si decides comprar alguno, a mí me llega una pequeña comisión, pero a ti te cuesta lo mismo. Solo te hablo de cosas que yo misma he probado (y con las que a veces me he equivocado de forma espectacular), porque si no ha pasado por mi cocina y por los bigotes curiosos de Simón, no te lo recomendaría. Si no te lo aclaro, asume que no es enlace de afiliado.
El caos del 'ojímetro' y las recetas de la abuela
Yo empecé con esto de los jabones en 2020, como media humanidad, creo. Me obsesioné con los jabones de glicerina porque mi abuela siempre decía que eran los únicos que no le dejaban la piel como un cartón. Ella tenía unas recetas viejas, anotadas en un cuaderno con manchas de aceite, pero seamos honestas: las abuelas medían todo en 'un chorrito' o 'lo que pida la masa', y para una ilustradora que vive de la precisión de un trazo, eso me estaba volviendo loca.
Mis primeros jabones perdían el olor a los tres días. Eran lindos, sí, porque les ponía colores con mi ojo de ilustradora, pero al usarlos no hacían espuma o se sentían babosos. Y con las velas, que llegaron a mi vida en 2023, fue peor. Compré cera de soja porque es biodegradable y más limpia, pero mis velas siempre terminaban con un hueco horrible en el centro o con una superficie que parecía la cara de un adolescente con acné. No sabía que la cera de soja de bajo punto de fusión tiene un rango de 48-54 °C para ser perfecta, y yo simplemente la derretía hasta que hervía. ¡Qué pecado!
Hubo una tarde particularmente frustrante (creo que fue a finales de agosto, de esos días donde nada sale bien) en la que vertí la fragancia cuando la cera estaba a unos 80 grados. El olor simplemente se evaporó en una nube química que me hizo estornudar media hora, dejando una vela que, al encenderla días después, olía absolutamente a nada. Fue ahí cuando me di cuenta de que no necesitaba más moldes caros, sino técnica.
El hallazgo: un combo para mentes visuales
Como paso tanto tiempo frente a la pantalla ilustrando, cuando busco aprender algo nuevo necesito que sea visual. No quería un PDF aburrido de química pura. Así fue como, navegando entre referencias de dibujos, me topé con el /get/alt-10. Lo que me llamó la atención fue que unía mis dos crisis: los jabones que no huelen y las velas que salen feas.
Empecé a ver los videos una noche de septiembre mientras Simón dormía sobre mis bocetos. Lo que más me sirvió, y lo digo de verdad, fue entender que el proceso artesanal no tiene que ser una adivinanza. Por ejemplo, en el curso aprendí que el porcentaje máximo de carga de fragancia en cera de soja suele ser del 10%. Yo le echaba medio frasco 'por si acaso', y lo único que lograba era que la vela sudara aceite y no prendiera bien. Si quieres dejar de adivinar tú también, te recomiendo mucho este método para dejar de calcular la esencia al ojo.
Vivir en un apartamento pequeño: el reto de la ventilación
Aquí es donde mi experiencia se pone un poco 'Bogotá-centrista'. La mayoría de los tutoriales que ves en internet asumen que tienes un taller gigante o un patio en California. Yo vivo en un apartamento de cuarenta metros cuadrados. Si hago jabones y velas al mismo tiempo, el olor se queda en las cortinas hasta el próximo año.
Una de las cosas que aprendí con el combo artesanal, y que no había visto en ningún otro lado, es cómo adaptar el espacio. Para quienes vivimos en lugares pequeños, la falta de ventilación y el espacio limitado para el curado son enemigos mortales. El curso mencionaba técnicas de secado vertical y el uso de kits compactos que no requieren que conviertas tu comedor en una fábrica química. Aprendí a organizar mis tiempos de solidificación del jabón de glicerina, que son unas 2 horas aproximadamente, para no tener bandejas ocupando toda la mesada mientras intento cocinar el almuerzo.
La paz de los sábados estructurados
Hace unas tres semanas, decidí aplicar todo lo aprendido en una sola sesión maratónica de sábado. Preparé mi estación: pesé la glicerina, alisté mis aceites y puse el termómetro en la jarra de las velas. Hay algo casi hipnótico en el sonido del batidor de madera contra el fondo de la jarra mientras la cera se vuelve opaca y cremosa al enfriarse. Es el momento justo antes de verter, cuando todo está en equilibrio.
Ya no me siento culpable por gastar materiales caros en experimentos que terminan en la basura. Hay un beneficio enorme en aprender ambas artes juntas, porque entiendes cómo funcionan los aromas en diferentes medios. Mientras esperaba que las velas enfriaran, hice una tanda de jabones de cítricos. Y entonces ocurrió: esa exhalación profunda y el descenso de los hombros cuando desmoldo un jabón y sale perfecto, brillante, sin una sola burbuja atrapada en la base.
A veces me pregunto si debería venderlos, pero luego veo a Simón tratando de cazar las chispas de cera y me acuerdo de que esto es para mí. No necesito vender mis creaciones para que mi tiempo y mis materiales merezcan ser usados con técnica profesional. El placer de regalarle a una amiga un jabón que realmente limpia y huele delicioso, o encender una vela que no se apaga a los diez minutos, es suficiente recompensa.
¿Vale la pena el esfuerzo?
Si estás empezando y sientes que tus sábados son más de estrés que de descanso, quizás te falte ese empujoncito de estructura. Yo pasé de tener una caja llena de 'intentos fallidos' a tener una repisa organizada con velas de superficie lisa y jabones que parecen comprados en una boutique de la Zona T.
El /get/alt-10 me dio la confianza que no me dieron los tutoriales sueltos de YouTube. Es como tener a alguien que te lleva de la mano y te dice: 'mira, Lucía, no le pongas la esencia todavía, espera a que baje la temperatura'. Y eso, para alguien que suele ser un poco distraída (perdón, Simón acaba de tirar mi borrador), es oro puro.
Mis tardes grises en Bogotá ya no son tan grises. Ahora tienen luz de vela de soja y aroma a jabón bien hecho. Si sientes que quieres llevar este hobby a otro nivel, aunque sea solo por el gusto de hacerlo bien, asómate a ver qué trae este combo. El precio actual está en la página del vendedor y puede cambiar, así que mejor chequéalo tú misma. Yo por ahora voy a servirme otro tinto y a disfrutar del olor a mandarina que inunda mi sala. ¡Feliz sábado de creación!
Si te interesa profundizar más en el mundo de las velas, también puedes mirar el /get/main o, si ya te sientes pro con las texturas, el /get/budget-3 es una maravilla para salir de los frascos de vidrio tradicionales.